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1.8.05

COMO SE HACEN LOS EXITOS

Uno de los más antiguos técnicos de los Estudios ION, a punto de ser declados para del patrimonio cultural de la ciudad, recordaban aquel día, ya hace unos cuantos años, cuando un León Gieco en pleno esplendor de su juventud y su éxito ya se retiraba de una jornada interna de grabación, la guitarra enfundada al hombro saludando a todo el mundo, y por la puerta de Hipólito Yrigoyen 2519, redondo y morocho con un long play, casi corriendo, el fueye enfundado colgándole de un brazo, apareció el salteño Dino Saluzzi.

-Gringo, qué suelto que te encuentro. Se me había hecho tarde y tenía miedo de no encontrarte.

Gieco se quedó tieso. Recién ahí se dio cuenta. Lo había invitado a grabar algo juntos y se había olvidado. Trató de salir del trance pidiendo por favor que prendieran otra vez las luces del estudio, que los técnicos volvieran a la consola, mientras Dino se seguía deshaciendo en justificaciones y el santafesino traspiraba frío pensando en qué mongo iban a grabar, ya lo habían hecho todo y no le podía decir algo así a la figura que ya era el bandoneonista.

Empezaron a calentar las manos, a hacer dedos, como le dicen en la jerga, mientras le terminaban de acomodar y más era la angustia de Gieco. No se le ocurría nada porque ya estaba todo hecho ni tampoco largarse a improvisar cualquier verdura, cuando de pronto le dio algunas indicaciones, hicieron algunos acordes en los tonos indicados, le dijo que lo siguiera, le pusieron sonidos y luego de una breve introducción, apoyado por el fueye de Saluzzi, se acercó al micrófono y cantó:

-Sólo le pido a Dios...

Todavía está juntando guita con el hit. Qué ortazo. Algunos nacieron con estrella y otros para estrellarse.