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7.10.10

JORGE MARIO PEDRO VARGAS LLOSA - PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2010

Con la piel color latinoamérica, como hubiera dicho Alfredo Zitarrosa, y las dos caras del arequipeño.
LA TIA JULIA SE QUEDO EN LA CIUDAD Y CON LOS PERROS

A mitad de camino entre los 74 y 75 años, con una obra de un tono sostenido, sin altibajos, por fin la Real Academia Sueca se acordó de otorgarle el galardón a un peruano, sí, por problemas de geografía polìtica, pero un reconocimiento máximo del que no le otorgó nunca a otro cholito de marca mayor como el poeta César Vallejos que hace mucho se fue morir a París de un jueves del que tenía el recuerdo. Ahora resulta que encuentran que nadie como él ha sabido hacer semejante cartografía del poder y el desventurado camino de la derrota del individuo. En suma, no es tratar de auparse y salir en la foto, pero en el reconocimiento a Marito también está el de todas las letras latinoamericanas. Todavía sorprendido, abochornado por la designación, uno de sus primeros recuerdos fue por la infame postergación que sufriera Jorge Luis Borges.
Nacido en las áridas alturas de Arequipa el domingo 28 de marzo de 1936, sus primeros años en el planeta no fueron la felicidad y el disfrute. Para él, por lo menos. Porque para los otros mortales quedó clavado como un puñal de madera La ciudad y los perros, su recuerdo lacerante del paso por el liceo militar luego de un pasado infantil y preadolescente por Cochabamba, Bolivia. Ya había surgido a la palestra literaria con los cuentos de Los jefes y diez años después de su primer libro, la técnica de hojaldre con narra y rompe las barreras del tiempo y el espacio en Conversación en la Catedral lo consagran dueño de una maestría singular en el dominio del idioma.
En La tía Julia y el escribidor va a quedar un humor delirante exorcismos personales varios del escándalo que produjo el todavía adolescente en la fruncida, pseudo rancia e hispánica sociedad limeña, casándose con una veterana diez años mayor. Pero también las consideraciones non sanctas hacia los hermanos bolivianos donde había pasado una temporada de su niñez, unas aguafuertes de la imagen argentina for export que indudablemente de tan valederas no son muy reconfortantes por el ego y otra vez la maestría de sacar en medio del delirio la magia de un género absolutamente menor como el radioteatro. Para los amantes de lo testimonial, en el capítulo 16 sus buenas relaciones con la clase dominante de su país y en particular con el presidente de entonces, Belaunde Therry, en el capítulo 16, enmascarada con toda la potencia de las metáforas y analogías aparece nítida la foto de la masacre del Estadio Nacional, en mayo 1965, durante las eliminatorias preolimpicas que no dejaron terminar el partido Perú-Argentina y va a quedar en la misma eternidad que sus TXTs si fueron 700 o casi un millar los muertos.
El cholito sabe mucho de muchas cosas. Pero también sabe de fútbol. No del que quisieran los que tienen un pañuelo con cuatro nudos en el cerebelo. Si no del fútbol como quizá la más grande puesta en juego de la condición humana. Por eso, como un modesto homenaje y para de alguna manera adherirnos a los festejos, se improvisó en una edición en PDF del artículo publicado en El País y difundido por toda la red de cotidianos latinoamericanos, a la que se puede saltar con un link que está más abajo. Ocurrió que desde su casa entonces en Londres, en el televisor vio cómo un distinguido, decentre y bien bañado vecino le pateaba la cabeza en el suelo a un marroquí. Pedanterías aparte, fue un honor quedar, después de unos cuantos años en hosca soledad negadora, junto a Vargas Llosa en el sostén de que hay una violencia que le es propia al fútbol, que los barras no son emergente de ningún orden social injusto, menos que menos una protesta especular, si no, por el contrario, las milicias vocacionales para abulonar más el capitalismo liberal y un uso del concepto antropologico de potlash que no se veía desde Johan Huizinga. El fútbol, todo, es un gigantesco y siniestro potlash. Alguien lo tenía que decir por fin con todas las letras y suman legión los que deben haber querido, empezando por los chovinistas futboleros de Lima, El Callao y alrededores que hubieran querido hacer lo mismo con la extremidad más alta del miraflorino.
Con respecto a Argentina, últimamente expresó en forma pública su estupefacción ante el hecho incontrastable de que no le encuentra explicación a cómo, en cincuenta años, se puede llegar a destruir un país tan bello y rico como el que él conociera otrora. Lo bueno del caso es que nosotros tampoco se lo podemos explicar. O no queremos. O no podemos. Nos calificó de país indescifrable que a pesar de la población cultura e inteligente con que cuenta persiste en el error, quizá -no lo dijo- empecinada a mostrarle al mundo que el error no es tal y que los equivocados son todos los otros. Para él el error se llama peronismo y del matrimonio K mejor ni hablar, porque como dirían acá podrá escribir bien y ser culto, pero a los movimientos nacionales y populares no los entiende nadie, no hay literatura europea al respecto. Ver las declaraciones no carentes de bronca, por cierto.
Desde un nanosegundo antes que se supiera la noticia ya se estaban chairando las dagas para pasarlo a degüello y las facturas indexadas de su deserción en el apoyo a la Revolución Cubana, en 1971, con el dichoso affaire del poeta Heriberto Padilla, la payasada de una autocrítica que de tal tuvo tan poco que la hizo a pie y su reciente adhesión y alegría por el triunfo del multimillonario chileno Sebastián Pineda, del más rancio cuño liberal, que la llevó a la socialista Michelle Bachelet a ralearlo en el uso de la palabra en un congreso de la lengua pero no a titubear en la firma de un tratado que entregó, como en las mejoras épocas coloniales, riquezas mineras a la Barrick Gold. Otra vez la partición de la realidad y el conocimiento por lo faccioso. A Vargas Llosa le dieron el Nobel por reaccionario, por impenitente defensor del neoliberalismo después de haber estado alistado, como lo estuvo, con el socialismo y la Casa de las Américas de La Habana. Unos patrones de pensamiento enclenque que llevarían a concluir que a Pablo Neruda se lo dieron por haber muerto afiliado al Partido Comunista chileno, saberse que ya tenía cáncer y Salvador Allende acababa de nombrarlo embajar de la vía democrática al socialismo en París, que era uno de sus grandes sueños. No por haber escrito el Canto General o Alturas de Machu Pichu y algunas cosas más, como una Canción Desesperada después de unos 20 poemas de amor que recitan hasta las empleadas domésticas. No. Mejor dejar de lado este ejemplo porque la estantería se viene abajo cuando no se puede explicar por qué entonces no se lo dieron a un hombre tan francamente de derecha, a veces revulsivamente reaccionario, como Jorge Luis Borges.
Con orgullo y de una sola vez, porque la belleza no puede ser si no revolucionaria: el arequipeño Jorge Mario Vargas Llosa, para orgullo de todos los nacidos al sur del Río Bravo, es el nuevo Premio Nobel de Literatura. Salud y gracias para el que cuando empezaba a sonar un poquito dijo tener conciencia de su total falta de talento y que por ese motivo, como la falta de talento sólo puede ser suplida por el trabajo, escribía todos los días ocho (8) horas como un obrero metalúrgico o un albañil. Según él, con esa impecable maestría en la economía de los vocables y la claridad de los conceptos, también supo decir, "cada vez que me encuentro con un libro que captura mi atención, que me arranca de mí mismo y me hace vivir experiencias extraordinarias (una gran novela, una gran obra de teatro, un ensayo muy brillante, por ejemplo), siento una enorme gratitud por haber aprendido a dominar esa operación mágica, gracias a la cual convertimos las letras, las palabras, las frases en imágenes, en experiencias que se incorporan a nuestras vidas y la enriquecen.”
Nosotros también y más de una vez gracias a vos, Marito, aunque si nos metemos en política nos agarremos de los pelos. Gracias por una obra tan descomunal.

A título de información la vamos a listar a continuación:
  • Los jefes (1959);
  • La ciudad y los perros (1963);
  • La casa verde (1966);
  • Los cachorros (1967);
  • Conversación en La Catedral (1969);
  • García Márquez: historia de un deicidio (1971);
  • Pantaleón y las visitadoras (1973);
  • La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975);
  • La tía Julia y el escribidor (1977);
  • La señorita de Tacna (teatro, 1981);
  • La guerra del fin del mundo (1981);
  • Kathie y el hipopótamo (teatro, 1983);
  • Contra viento y marea (1983);
  • Historia de Mayta (1984);
  • La suntuosa abundancia (ensayo sobre Fernando Botero, 1984);
  • La Chunga (1986);
  • ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986);
  • El hablador (1987);
  • Elogio de la madrastra (1988);
  • El pez en el agua (1993);
  • El loco de los balcones (1993);
  • Lituma en los Andes (1993);
  • Los cuadernos de don Rigoberto (1997);
  • Cartas a un joven novelista (1997);
  • La fiesta del Chivo (2000);
  • El paraíso en la otra esquina (2003);
  • Travesuras de la niña mala (2006);
  • El sueño del Celta, todavía inédita y cuya temática es un relato de corte histórico que recrea la vida del irlandés Roger Casement, cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo del escritor polaco Joseph Conrad;
  • S.E.u O.
También a título de difusión para los que quieran bajarse un variado surtido de las obras del peruano, artículos, papers, ensayos, todo gratis y en PDF, vayan al sitio donde rebalsan con un clic en el subrayado.
Ahora, para leer online lo prometido más arriba, en cuanto a fútbol y demás, también el gasto de un clic y a disfrutarlo.