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19.9.05

Un profesor de Teología estaba reunido con varios de sus mejores alumnos tratando de expresar las más profundas verdades, para llegar al encuentro de La Verdad omnímoda e incondicional. Era una charla brillante y cada uno daba lo mejor de sí filosofando concentradamente en la búsqueda de las mejores evidencias.

Enfrascados como estaban en tan productivo debate, no se dieron cuenta de que a través del amplio ventanal descendía un ángel. Cuando lo vieron se hizo un respetuoso silencio por tal milagro del Cielo. Entonces, el ángel habló:

-Profesor, el Supremo me envió para que lo recompensara en vida por todo lo que hace en favor de la religión. El Creador me pidió que le concediera un don entre estos tres a su elección: 1) Sabiduría absoluta; 2) Fortuna sin límites; 3) Atractivo extremo para atraer a cuantas mujeres le plazca.

El Teacher frunció el ceño, tratando de discernir con justeza cuál premio aceptar. Los alumnos lo miraban expectantes. Y dijo:

-Elijo la Sabiduría Absoluta.

Un baño de luz celestial inundó el aula, y entre una sinfonía de cornetas celestiales se escuchó una voz que decía:

-Concedida.

Y el ángel desapareció. Y el silencio primó, ya que los alumnos, que no podían salir de su asombro, esperaron largos minutos delicadamente callados.

Hasta que hubo un primero que se atrevió a hablar y suplicó:

-Por favor, maestro, ahora que le han concedido la sabiduría absoluta, ¡háganos saber su pensamiento más profundo!

El ahora sabio entre todos los sabios acarició su barba con gesto adusto y reconcentrado, miró a la ventana por donde se había ido el ángel y reflexionó:

-Tendría que haber agarrado la guita....