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27.6.07

HISTORIA SE ESCRIBE CON ACHE, NENE


IN MEMORIAN

Si la muerte, por lo que dicen, no suele ser un hecho muy acompañado, las del fútbol figuran a la cabeza de las más solitarias. Están por producirse y ya son estadística. La gente va a la cancha para no ser yo, sino nosotros, como dicen los cientistas sociales, y los buenos de nuestros periodistas deportivos los vuelven a matar y sepultan en lo más selecto de lo NN.

Lo sucedido el lunes en Mataderos tiene su propia historia, como la tiene la cultura antropológicamente hablando, y el fútbol, queridos pichones de escribas y movileros, es el fenómeno de cultura de masas más importante que ha dado el capitalismo. Con el periodismo que nos descerrajan a diario, más que quitarle historicidad, lo están eviscerando, al mejor estilo de esta época a cargo de las multinacionales.

Entonces tratemos de poner las cosas mínimamente en su lugar y en vez de una mayor cantidad de paladas de tierra, al menos intentar unas bocanadas de aire porque, como dijo Rodolfo Walsh, la verdadera muerte es la memoria. El Club Atlético Tigre está por cumplir cien años y es el único sobreviviente de la zona norte. El San Fernando era el más antiguo, el pionero, y lo fue también para desaparecer. Lo que sucedió fue que los ingleses, siempre sobre las vías de los ferrocarriles que iban tendiendo, tenían más intereses por el sur y por el oeste. En ese lado estaba el Delta y la que actualmente es la podrida estación fluvial, como un afluente artificial del Luján, era la cancha para correr el doble par, cuatro y ocho son y sin timonel, cosa de rememorar la famosa tenida entre los de Oxford y los de Cambridge en la que entonces no hacía de Madre Patria oficial.

En cuanto a Marcelo Cejas (41), 25/06/07, después del Chicago-Tigre y con zona franca por todo Mataderos, es el cuarto hincha de los de Victoria que resulta víctima mortal de la violencia futbolera profesionalizada y apañada desde siempre y desde arriba.

La primera fue Darío Geuna (22), 12/05/84, recién terminado Arsenal-Tigre, al que lo asesinó el cabo Tapia, de la barra de Independiente y custodio de una boite de Wilde. El juez Nelky Martínez, al que también le va a tocar en abril 85 el caso Scaserra, lo condenó al integrante de la que todavía no le decían La Maldita a 9 años por homicidio simple. En la apelación, la cámara platense le rebajó la pena a 2 años y medio por haber sido un disparo al aire intimidatorio, a pesar de que las pericias dejaron sentado en autos que había apuntado con el arma reglamentaria desde arriba de un montículo, cerca del viaducto, a 72 metros, con la víctima para colmo agachada, dada la trayectoria del proyectil, seguramente para agarrar una piedra porque la rosca estaba en su apogeo.

Esta debe haber sido una de las más flagrantes e indecorosas violaciones de la ley. Pero no de las que rigen en el Código Penal, sino de las de la física, como es la Ley de la Gravedad, que nos enseñan en el secundario: porque, ¿para dónde está el aire? En el resto del mundo, subdesarrollado y sin Maradona, para arriba; en la Argentina, para abajo, en el suelo, junto con el país.

Geuna era de la barra, vendía rifas para los Bomberos Voluntarios de San Fernando y al día siguiente del entierro, la flamante viuda fue al hospital al retirar el análisis del sapito que se había mandado a hacer: positivo, estaba embarazada. Menos de 9 meses después nacía Darío Geuna h, el primer huérfano, el primer guachito de la violencia futbolera argentina.

En tercer lugar aparece Daniel Galeano (20), 16/10/93, rumbo a la disputa de El Porvenir-Tigre en Gerli. ¿Accidente? Iban en uno de esos bondis en las diez de últimas para ir a las canchas y en una de esas ver un partido que siempre puede ser el último, loqueando, y en el rulo de ascenso a la General Paz, el Micky Schumacher del volante se lo puso de sombrero. La víctima iba en el estribo, gritando, seguro que con algún trapo, a todo pulmón, y el colectivo le pasó por arriba.

La que viene, si ninguna se caracteriza por lo linda, es fea con ganas.Fue la de Víctor Osvaldo Faustino (43), 14/05/94), después de un Argentinos de Quilmes-Tigre. Volvían del mundialista de los mates, en el bajo, entre saucedales y culebras, alguna que otra yarará, campo ese día apto para la práctica del viril deporte porque hacía rato que no había sudestada. El que va a ser literalmente fusilado venía al comando de la chatita con que trabajaba en la semana. Lo acompañaban varios pibes de la familia. Y no va que a la batata se le dio justo por pararse o pinchar una goma frente a la entrada principal de una de las mejores urbanizaciones de Villa Lynch, todo un sector de barrios privados (privados de luz, agua, cloacas, educación, salud pública, etc), gente del ABC1, para sinteizar, y como alguno llevaba trapos del club que botoneaban de dónde eran los cantares y había roscas varias pendientes con el Chaca del recontraalgüete Luisito Barrionuevo en su apogeo sindical/fubolero, desde uno de los lofts abrieron fuego y lo tumbaron al pobre Víctor que para mayores sospechas o había levantado el capot para ver si todavía tenía motor o estaba revolviendo la caja de herramientas para sacar el gato, llaves y el sistema de scaneo electrónico del barrio puso el alerta rojo que estaba sacando los fierros, los trípodes para las .30 y barrerlos, las rampas de los tierra-tierra para darles como en la guerra o como en el fulbo, cuál es la diferencia.

Impune, claro. Vaya uno a saber de quién era la bala donde hasta los canarios flautas están calzados.

Y ahora Marcelo Cejas, que si no cambia el viento y los chanchos vuelan, también quedará para engrosar la impunidad, con el agregado de no poder disfrutar el retorno a primera después de tanto tiempo.

[N. del E.] Con un tono muy diferente para estas circunstancias, pero hay una anécdota con gente de Tigre en Villa Gesell, durante la temporada. Los que estén con ánimo para darse una vuelta, un click en el subrayado.