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11.10.10

¿MINERO DE EN SERIO? DOS MINAS, LO MENOS

El Yonni Barrios, de frente, sin botox, con todo el medio siglo, y además electricista y enfermero.
OTRA QUE LA T-130...
Todo venía más o menos bien, si no fuera por esas improvisadas vacaciones con más oscuridad que invierno en Estocolmo, pero temperatura de sauna, y unos 700 metros de cerro puro arriba. A todo el mundo se le dio por hacer algo y no va que a un multimillonario estrafalario, para que todos, el mundo constatara que hasta cuando iba al baño cagaba guita, se cayó por el Campamento La Esperanza, todavía con unas pocas carpitas y pocos periodistas, peló la chequera y se mandó literalmente 33 millonarias a la orden por diez luquitas verdes cada uno. La Martita Salinas, con los 56 bien puestos y redondeados, se presentó al mesón y esgrimió la condición que esgrimen todas las mujeres legales, máxime que andaba dando vueltas por ahí con un cartelito con fotos de los dos juntos desde que se casaron, nada menos que hace 26 años, llenó el formulario con todos los datos como recibo para los impuestos del chabón cuando no va que se le da por aparecer a la Susana, la Valenzuela, apenas 50 pero parece 40, rucia, que también llevaba ese tiempo con una imagen en brazos de la Virgen María del porte de un bebé de dos meses, tercereando al grito de que la estaban timando, ella hacía cinco años que andaba con el Yonni Barrios, por aquel entonces de florecientes 45 y ahora medio siglo recién cumplido, se habían conocido en un curso que había dado la mina en Copiapó, y se armó. Rodaron por el poco fértil suelo atacameño, agarradas de los pelos, al grito de ¡es mío! ¡es mío! y ninguna quiso echar pata atrás. Recorrían el campamento haciendo campaña proselitista y argumentando a toda voz y detalles los derechos soberanos de pertenencia, en cuanto a lo formal y lo fáctico. A todo esto, que ya hacía como diez días que la sonda había hecho contacto con ellos y las comunicaciones, todavía escritas, se volvían cada vez más fluídas, que el pobre Yonni no se enterara del quilombo que se había armado y la que le esperaba. Además de electricista, había sacado a relucir sus dotes de paramédico y les había pinchado los cachetes a todos con vacunas, algunos con otras cosas más, curaciones en las llagas, tomarles varias veces al día la presión a los hipertensos. Un verdadero mesié Curí, el Yonni, y allá arriba las dos leonas dispuestas a no ceder un tranco de pollo y cada una quedarse con lo que estaban convencidas que les pertenecía.
Cuando se supo que los organizadores del rescate iban a permitir a una sola persona esperar a la Cápsula Fénix que traía al ser querido a la superficie, afloraron la sonrisa en los cretinos, se frotaron las manos, a quién le iba dar el Yonni el privilegio y después las dos horas a solas en el container. ¿Religiosos 60 minutos para cada una? Pero ayer la Martita juntó todas sus pilchas y se despidió de todos. Se volvía a Copiapó. Dentro de un rato iba a tener la videoconferencia y le iba a cantar las cuatro frescas, que ni se le ocurriera pasar por el hogar legal, que tocara el timbre y le iba a revolear hasta las jeringas y enemas y termómetros por la ventana.
Se fue.
Cuando la prensa de todo el mundo, al conocer el dato, incluso desde aquí estábamos seguros que no iba querer salir, que se iba a quedar con asilo diplomático o que al salir arrancaría a los pedos, desierto de Atacama adentro, dos mujeres juntas después de tanto encierro, oscuridad y baño turco, no había derecho. Se iría a disfrutar solo, sobre todo las seis semanas que ofrecieron en el Mare Nostrum, todo pago, los cumpas mineros griegos. La Martita contó que no soportaba que hubiera pedido que al llegar la cápsula que le tocaba estuvieran las dos, a él le sobraba cariño: "Qué se cree, el fresco", le llamearon los ojos. "Ya está bueno." Nos jodió a todos. Un calzonudo, el Yonni.
Y ahora, desde las 00:00 del miércoles 13, la Susana, la Muleto, la Otra como habían llegado a decirle, quedó con el Nº 1 en la cola, con perdón de la expresión, y la otra, pero la legalmente verdadera, la Martita, la oficial, con los abogados para el 50% de los gananciales en los Tribunales. Por lo menos la jarana y los chistes no tienen la sombra de los chicos. No hay hijos con ninguna de las dos. Ahora falta saber lo que opinan los otros 32 cuando se enteren a quién le entregaron inocentemente los cachetes para las inyecciones. Ya lo dijo Cadícamo en un tango: "Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte."

El dilema draconiano, en tono de chachota, llegó a la prensa. Pero Martita, a la derecha, abandonó el ruedo.