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27.7.11

"PAGARE CON MI VIDA LA LEALTAD DEL PUEBLO"



SALVADOR ALLENDE SE SUICIDO
Ahora sí, definitivamente, Salvador Isabelino del Sagrado Corazón de Jesús Allende Gossens (Valparaíso, junio 1908 - Santiago, setiembre 1973) se suicidó. Así lo dictaminó una comisión especial interdisciplinaria nombrada a tal efecto 38 años después de aquel 11 de setiembre, alrededor de las 14:30, tres horas después del bombardeo de los Mirage de la Fuerza Aérea, de haber hecho rendir a la juramentada Guardia de Palacio de los Carabineros y de hacer salir por la pequeña puerta que da a la calle Morandé a su círculo más cercano, entre los que se encontraban varios ministros y Miriam La Payita Contreras, su secretaria personal y pareja. Estos últimos salieron entre una doble fila de soldados, los últimos integrantes del GAP (Grupo Amigos del Presidente, su custodia personal, jóvenes del Partido Socialista especialmente seleccionados y entrenados en Cuba para su custodia y combate personal cuerpo a cuerpo), con las manos en la nuca, fueron cruzados la calle, puestos boca abajo en la vereda y despenados sin más con un tiro en la nuca. En medio de una situación bastante caótica, amén de dramática y tirante, a pesar de tener una pierna fractura, La Payita patoteó a unos colimbas, quebró la vigilancia militar apostada para controlar esa rendición final y consiguió perderse en esa zona del centro santiaguino, un verdadero laberinto de galerías comerciales que atraviesan las manzanas, ser enyesada en la Posta Central por  trabajadores de la salud partidarios que espontáneamente la reconocían, conseguir refugio y luego alcanzar el asilo en la sede diplomática de México. Luego, la inteligencia militar de los golpistas reconstruiría minuciosamente el trayecto y 18 ciudadanos de toda edad y condición serían ajusticiados sin más a las pocas horas, pagando de esa forma la fidelidad a sus ideas y a los deberes de conciencia.
Mucho se ha dicho y escrito sobre aquel histórico día que marcó una divisoria de aguas en la historia de nuestra Latinoamérica. Hay versiones de todos los colores y para todos los gustos, incluso en la red y sólo a un clic. Pero desde aquel día la controversia giró solamente sobre un punto: si El Chicho Allende se había quitado la vida o si había sido asesinado. A la controversia contribuyó en gran medida la pública y teatralizada versión dada por el comandante Fidel Castro, su muy peculiar concepción en torno al suicidio en general y encima la compañía en el estrado de Beatriz Allende, de las hijas la más apegada al padre, y junto a él, aquella mañana a primera hora, cuando grabara el mensaje de despedida que se propalaría muy pobremente por Radio Magallanes horas después y que ha quedado como el único cuando otros tres, posteriores, no pudieron ser difundidos debido al aislamiento en que quedó el Palacio de La Moneda. Beatriz fue prácticamente obligada por su padre a dejar la casa de gobierno mucho antes que comenzaran los combates. Por razones obvias el dichoso bombardeo de los Mirage, a las 11:00, ha quedado como la única confrontación, pero se ha relegado a un segundo plano, casi al olvido, el combate en tierra que sucedió poco después de las 09:00, cuando comandos y tanquetas del ejército sublevado intentaron tomar el palacio por la Plaza de la Constitución y la resistencia pertinaz, heroica sin dudas, desde el interior, a cargo de muy pocos hombres con entrenamiento militar y la mayoría por maduros funcionarios, entre ellos el propio Salvador Allende, con anteojos como como culo de botella, con un armamento y munición sumamente limitados frente a los que ostentaban los asaltantes, pero los rechazaron y pusieron en fuga, a pertrecharse en los edificios linderos, lo que dio motivo al dichoso y cobarde bombardeo.
Fidel Castro se plegó lamentablemente a la versión más teatralizada, oficializada por los comunistas, que desde el primer momento le atribuyó a un capitán, a un tal Palacio, la entrada a sangre y fuego a uno de los salones que daban a la calle Moneda casi esquina Morandé, y procedió a literalmente fusilar al presidente constitucional. Muchos años después, recién en el 2002, la honestidad intelectual y política de Fidel lo llevaría a aceptar públicamente que su viejo camarada, con el que mantuvo siempre diferencias que no ocultaron, se había suicidado.
A raíz de la dilucidación definitiva de cantidad de asesinatos violatorios de los derechos humanos, entre los que se podía encontrar el del presidente Salvador Allende, el aparato judicial chileno dio lugar a comienzos de este año que comenzara la investigación final de cada uno. En la controvertida Wikipedia se encuentra una recopilación bastante exhaustiva sobre el hecho. De allí es donde se extrajo el siguiente TXT:
En mayo de 2011 comenzó una nueva exhumación de su cadáver para intentar establecer, en palabras del médico forense Francisco Etxeberria"la manera de la muerte o las circunstancias que rodearon a la misma".7 8 El 23 de mayo de 2011 sus restos fueron exhumados, por orden del juez Mario Carroza. La extracción de estos fue realizada por peritos de la Policía de Investigaciones y del Servicio Médico Legal dirigidos por el Dr. Patricio Bustos, director nacional del Servicio Médico Legal de Chile, 9 participando además expertos extranjeros, acompañados por algunos de sus familiares y la prensa.10 El 19 de julio del mismo año, fue entregado el resultado de los estudios de la exhumación, confirmando la teoría del suicidio del presidente Allende como causa de su muerte. Según los expertos, la presencia de dos salidas de bala se deberían a que el arma estaba en estado automático.11 El forense Francisco Etxeberria que participó en la nueva autopsia declaró que (sic): "Con base en argumentos técnicos y científicos podemos asegurar que la muerte del presidente Salvador Allende se produjo como consecuencia directa de un disparo realizado bajo el mentón que le produjo la destrucción de la cabeza y la muerte inmediata, lo que interpretamos como suicida desde la perspectiva forense".12
Para quienes lo conocieron y trataron, después de la respuesta a Fidel Castro en su despedida del Estadio Nacional (ver el video al pie) y lo grabado en las primeras horas del 11 de setiembre, y que quedará como su testamento oral, con el subrayado de lo que da título a esta posta, como es la decisión ya tomada de pagar con su vida la lealtad del pueblo si intentaban sacarlo de La Moneda con métodos que no eran los utilizados por él para llegar a primer magistrado, más su convicción que más antes que temprano se abrirían la grandes alamedas de la historia para que pase el hombre libre de América, jamás pudo haber dudas en torno al suicidio. Ahora, como fue mi caso, sostenerlo prácticamente desde el primer momento, desataba esa paraonia policíaca de cierta izquierda y el sectarismo que es como un balde en la cabeza o una escafandra de buzo, todo acompañado de gentilezas como catalogar al otro de agente de la CIA como saludo más cariñoso. No para nada fácil. Para colmo la convicción se acentuaba en el contacto ocasional de aquellos días tristes de setiembre en Buenos Aires al conocer a un joven locutor de Radio Punta Arenas, militante del Partido Socialista, cuyo nombre se ha perdido en la turbulencia de datos y que tuvo el dudoso honor de inaugurar en persona, solito, el campo de concentración de la Marina de su país en la cercana isla Dawson y que iba a estar destinado casi con exclusividad a la plana mayor del gobierno allendista. En esas soledades, en ese estado, con el tratamiento infame de los uniformados que los sacaban a la madrugada y les hacían submarinos en toneles llenos con agua de mar helada, había tenido ocasión de tratar largo y tendido con aquellos hombres que habían estado hasta el último minuto con el Compañero Presidente. Recordaba en especial la versión de Edgardo Enríquez, padre del máximo dirigente del MIR, radical, masón, ministro de Educación a la fecha de los hechos, íntimo amigo de toda la vida del Chicho y que cuando vino la orden final de abandonar el palacio le tocó el último lugar en la fila para el abrazo y las palabras de despedida. Burgués en el sentido más estricto de la palabra, capaz de afeitarse todos los días en aquel lugar recién hecho con maderas recién cortadas  y erigirse en una prolija prisión rodeada de aguas heladas y la soledad del océano, infaltable traje cruzado y corbata, soportaba las diarias torturas y todo tipo maltrato físico, ni qué decir psicológico y moral, con un estoicismo tan increíble como lo indefectible que se le nublaba la vista cuando una y otra vez recordaba aquel abrazo final con el hermano masón y que lo llevaba cada vez más a su convicción más acendrada: "Salvador se mató, hueón", repetía. "Muchos no van a querer ni oir pero alguien como él no podía llegar a aceptar que ninguno de esos revoltosos concha e'su madre pudiera ni siquiera arrogarse el raro orgullo de salir diciendo yo asesiné al presidente constitucional del Chile. Es no conocerlo a Allende." Por otro lado, no pocos dejarían de recordar, en un principio en voz baja, la obsesión que tenía desde lo ocurrido con el Che Guevara cinco años antes. Era perfectamente consciente que las clases dominantes y el imperialismo no tenían piedad para sus adversarios y que la muerte, en cualquiera de sus formas, era lo único que se podía esperar. Los que pensaban así aseguraban que allí puede haber estado el germen de su decisión y que lo dicho en el Estadio Nacional fue una manera soslayado de anunciarlo.
Beatriz terminó también suicidándose. Fue en Cuba, en 1977. La versión de su final fue aderezada con algunos desengaños amorosos. Y otro tanto ocurriría con Laura Allende, su tía, también en la isla, senadora por 1973, la última que venticuatro horas antes de lo que eufemísticamente los traperos calificarán de pronunciamiento hablara por teléfono con su hermano y que si bien el diálogo fue corto le había quedado claro que el derrumbe era inmediato, la última carta de la baza era una reunión pactada para ese mismo martes 11 con los mandos militares y que aceptaran la salida de llamar a un plesbicito y poner la continuuidad institucional en manos de la voluntad popular. Uno de sus hijos era de la cúpula del MIR y había servido de contacto entre ese grupo y su tío, a pesar de los abismos ideológicos. Este hecho ocurrió en 1980 y a la edad se le agregó la existencia de una enfermedad terminal. Estas dos mujeres, en la escala de afectos íntimos de todo hombre, habían ocupado un lugar preferencial en la del primer presidente socialista de América, en el Compañero Presidente.
Se muere a la altura de lo que se vive. Toda la vida del Chicho estuvo jalonada de episodios excepcionales. Como que a los 24 años fue durante una semana ministro de Salud Pública de la República Socialista de Chile. Esto por obvias razones si no es demasiado destacado, la mayoría de las veces es obviado y tirado a la papelera de reciclaje. Se trató de un golpe de estado que tuvo esa duración y a cuya cabeza estuvo el general Marmaduke Grove, un ejemplar entre lo surrealista y digno de figurar por encima de los Buendía de García Márquez. No sólo anduvo de putch a intentonas de todo tipo, con exilio en Buenos Aires incluido, sino que registra un vuelo rasante en un avión pintado de rojo para anunciar uno de sus tantos alzamientos. Como el izquierdismo no les quita a todos el sentido del humor y cierto culto religioso a la solemnidad, las versiones sobre la tarzanada varía según el interlocutor, sobre todo el final, que algunos adjudican a la intervención del cuerpo de bomberos, muy similar a lo que ocurriera con los intentos independentistas de los genoveses boquenses. El caso que el joven médico fue a parar por poco tiempo a un calabozo, destino similar que tuvo la mayoría de los aventureros. Eso sí, como toda revolución socialista que se precie de tal tiene que acabar con algo de la riqueza abyecta de los sectores dominantes, antes de abandonar La Moneda no faltaron los procedieron a expropiar la platería del palacio usada para las recepciones oficiales. A todos los cargos que les hicieron los jueces tuvieron que agregar el de robo calificado.
En el inventario de aquel 11 de setiembre, ahora ya de manera indiscutible por la corroboración judicial y científica del suicidio, que todo valiente no pelea hasta la última bala, como se creía, sino hasta la anteúltima porque a ésta se la reserva para sí. Atahualpa Yupanqui supo decir, cerca del final, que él no era viejo sino que tenía muchos años de joven. En el primer video el Chicho Allende se le acerca bastante con lo que expresa. Y en ese viaje, para agregar a todo lo indeleble que dejó con su transcurrir entre nosotros, se debe agregar algo imborrable: "Ser joven y no ser revolucionario es hasta un contrasentido biológico." Está registrado, por las dudas.

En este condensado aparece parte de la charla con Fidel al día siguiente del acto en el Estadio Nacional para despedirlo y la expresa voluntad política para enfrentar un futuro que se avizoraba como muy poco promisorio. La inteligencia militar, siempre ceñida por los límites infranqueables de una gorra omitieron que fortalecido por sus ancestros paternos de origen vasco, Salvador Allende era fundamentalmente un hombre de palabra, incapaz de balandronadas de ninguna especie, menos que menos si estaba lo público en juego. Se recomienda especial atención a la imagen porque en medio de las tomas a La Moneda hay un momento en que él sale al balcón y mira a lo lejos. El saludito corto que hace con la mano es a un chico que va por la vereda y al reconocerlo grita su nombre. Las tomas posteriores sobre la multitud coreando su nombre pueden llevar a equívocos porque corresponden a otras circunstancias. Esa salida, en la que está flanqueado por un GAP, es para otear el horizonte y tratar de ver si ya vienen los aviones. Además, el curso de los aconrtecimientos determinará que esa sea LA ULTIMA IMAGEN DE EL CON VIDA. La siguiente, horas después, será envuelto en un chamanto, en hombros de efectivos militares, para tirarlo sobre una camioneta y llevarlo al Hospital Militar del Barrio Alto para la autopsia.