Loading...

8.6.06

DEBEN SER LOS KLEENEX, DEBEN SER

Entre dedicarse al show business, hacerse los graciosos, censar a la cantidad de putas que van llegando, hacer creer que saben de historia alemana y universal, cholulear a los brasileños y otras yerbas, la legión fletada de periodistas deportivos gracias al nuevo veranito de San Juan, especie de remake de la Plata Dulce que se está viviendo hasta la reelección del 2007, pasó prácticamente desapercibido que la delegación oficial argentina viaja con tres (3) toneladas (es decir, tres mil kilogramos) de equipaje no acompañado. Esto, traducido al burdo bolsillo y cotizaciones actuales, significa que cada vez que abordan una aeronave la AFA debe desembolsar 300 mil dólares extras.

Es indudable el cuidado puesto en que se cambien de calzonillitos cada dos horas, por lo menos seis pares de medias al día, los pulóveres que llevaron porque sabía que se les venía la ola de frío y el cargamento de Kleneex para moquear a gusto por los romadizos y otras congestiones molestas. Como es obvio, los malcogidos de siempre no dejaron de recordar lo que contaba el gran Ernesto Duchini, muerto hace poco, acerca del suculento ofrecimiento que le habían hecho para rellenar las pelotas de entrenanamiento con algo que no fuera aire.

No se debe descontar en la prodigalidad del califa Julio Humberto 1° de Sarandí la invitación hecha a destajo a cuanto dirigente tuviera ganas de ir y pasarla de arriba y de primera. Salvo Raúl Gamez, de Velez, y la gente de Lanús, los otros doscientos cincuenta (250) apenas si tuvieron tiempo para manotear el cepillo de dientes. ¿Qué son para la tesorería de la AFA unos 2,5 millones menos de dólares si así tenemos asegurada la reeleción del socio de Emir Yoma? La Argentina es un país generoso, como dice el pensador televisivo Jorge Rial.

Ahora, como los resultados mandan, sería más que aconsejable que se diera lo que vaticinó cierto horoscopero que van a llegar por lo menos a semifinales. Porque, caso contrario, toda la turba de alcagüetes se les va a largar en picada a degollar y pedir cuentas como mormones de la primera hora.