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14.7.06

¡FIGLIOS DI PUTANA!

Zinedine Zidane-Joseph Blatter, tête a tête

"SI A ZIZOU LO TIRAN AL BOMBO,/ VA A HABER QUILOMBO,/ VA A HABER QUILOMBO"


"Todo lo que sé sobre el hombre y la condición humana lo aprendí en una cancha de fútbol."
ALBERT CAMUS
Premio Nobel de Literatura 1952,
nacido en Argelia y arquero en un equipo francés de segunda categoría.

CUANDO FALTABAN APENAS diez minutos del complementario y que los finalistas fueran al suerte/verdad de los penales, remedo si los hay de los fusilamientos, en un Mundial 2006 tan tedioso como medroso, de arbitrajes tan horripilantes que un soplapitos le metió tres amarillas a un mismo jugador y lo echó dos veces, esto es, una goma con la que colaboró hasta la impecable eficacia organizativa de los dueños de casa y que salvo algunos rounds de menor cuantía, hasta los barrabravas se portaron bien y la canas resultaron solamente estresados para que los borrachos mearan en las plantas correspondientes de paseos y plazas, no en los caminitos por donde pasaba la gente; faltaban nada más que diez minutos en todos los relojes cuando en un jugada más en el área italiana donde el muerderivales Marco Materazzi aplicó el nuevo método para embellecer el juego y realzar la calidad de los productos de los mayores sponsors, como es el camiseteo, en un claro penal de los 140 que se cometen en todo el orbe con cada pelota bombeada sobre las áreas, el franco-argelino Zinedine Zidane, (a) Zizou, un exquisito de los que siempre hay pocos por décadas que por segunda vez se iba a quedar con el Balón de Oro, le dijo a su empecinada marca pesonal que si quería la indumentaria que esperara que terminara el partido, la intercambiaban y listo.

Ahí habrían salido a relucir las socorridas, para la prensa obediente y la Opinión Pública babieca, en este caso en la lengua del Dante, alusiones supuestamente conocidas liviandades morales de la señora Malika Zidane, en esos momentos internada en un hospital marsellés, como también la de Lila Zidane, la menor de los cuatro hermanos que forman el grupo del famoso jugador, todo siempre dentro de los usos y costumbres, tanto que Zizou habría respondido que también tenía algo oído con respecto a la misma parentela del tano, como que a la hermana mayor le decían influenza porque la había tenido todo el barrio, el diálogo de alto vuelo mientras iban trotando para la mitad de la cancha, adelantándose considerablemente el rapado que jugaba sus últimos minutos como profesional porque se retiraba del fútbol.

Todo siempre dentro de la más apestosas de las normalidades, casi un partido Solteros contra Casados.

De pronto fue lo insólito, lo inédito, lo que todo el mundo vio y hubo que creerlo porque el sentido de la vista es el más confiable. Giro brusco de Zidane que en lo encara al azurri y sin más, con un perfecto frentazo en el plexo, ideal para clavar la pelota tirada por un centro como con la mano, lo acostó en el césped cuan largo era. Inexorable tarjeta roja del quilmeño Horacio Elizondo luego de consultar con el hispánico cuarto árbitro Luis Medina Catalejo porque él había estado de espalda al incidente por ir siguiendo la jugada. El informe original del línea argentino García fue lapidario: "Echalo tranquilo", dicen los bien informados de siempre que le dijo. Lo había visto todo el estadio y buena parte del mundo, para mejor encima ahora está el ojo implacable de los videos. La categoría de drama filosófico a nivel de pensamiento que tiene el fútbol, como dice el cientista social francés Christian Bromberger, que eterniza disputas y polémicas sobre hechos reales acaecidos y percibidos desde diferentes ángulos y pasiones, reavivó trayendo a colación el invento de penal con que Italia ganó un partido y le permitió llegar a la final gracias a la generosidad del galaico, asoció al primer argentino que dirigía una final a una conspiración mundial contra Le Blue y de las butacas peninsulares redoblaron el fraternal cantito de índole histórica, cultísima, como no se podía esperar otra cosa del Primer Mundo:

Napoleón, Napoleón

era maricón...

El martes 11, cuando todavía era un misterio y un ida y vuelta de dimes y diretes de qué había pasado para que un hombre literalmente se suicidara en materia deportiva y profesional, un complejo ferroviario de Bombay era sacudido por otra seguidilla de bombas y de movida merodeaba los dos centenares la cantidad de víctimas fatales, cuando en una entrevista concedido al Canal Plus de París el hasta entonces niño mimado, exquisito del fútbol, convertido en divisor de aguas de los que justificaban o aborrecían la agresión física cometida, respondía con un lacónico ”Ouí” a la pregunta para nada pregunta si lo que le había dicho el defensor contrario Marco Materazzi era “todos saben que sos un terrorista hijo de puta.

No es la única versión. Primero porque de tomarla totalmente como cierta a la injuria ya no la cree nadie y Zidane habló desde el primer momento, a media lengua, del honor familiar y que le habían incluido a la hermana. El concepto de honor familiar también fue esgrimido por la hospitalizada mamá Zidane, al parecer no demasiado preocupada que le pusieran en duda su honestidad como otra cosa, a punto tal que según el revuelve mierda londinense The Daily News asegura que la buena señora aconsejó la castración sin más del noble deportista peninsular. Si pensara así de todos los que a su hijo, durante la carrera futbolística que ha acabado de esta manera poco acorde a su jerarquía como atleta, le dijeron que ella era puta, una muy gruesa cantidad de los jugadores que están en el Viejo Continente, no todos nacidos allí, tendrian que haber sido capados hace rato.

Otra versión asegura que la frase exacta fue: "Todos saben que tu hermana es una terrorista hija de puta" o una "puta terrorista", y acá tampoco el orden de los factores altera el producto. Un tercera, más tétrica y al menos por ahora sin asideros por la afirmación, da cuenta de lo siguiente: "Todo el mundo sabe que a la hija de puta de tu hermana la mataron por terrorista."

Sea cual fuera el elemento nuevo, desbordante, que opera de gatillo, no es la vieja y desgastada injuria, que ya no irrita a casi nadie, por más primate que sea, fue echar salmuera sobre una herida que encima está públicamente abierta. La Guerra Santa que se está disputando, anticipada por Alvin Toffler en El cambio de poder (1989), acaba de hacer su ingreso formal al fútbol, según el antropólogo paulista Roberto DaMatta, la arena más apropiada que tiene el hombre contemporáneo para representar su drama cotidiano. No podía ser de otra manera. El obviamente derechista Roberto Calderoli, que supo ser funcionario del gobierno de Silvio Berlusconi, todo poderoso multimediático y dueño del Milan, que sostiene a la barra de la Fossa di Leoni, puso lo que faltaba: “Francia sacrificó su identidad con un equipo compuesto por negros, islamitas y comunistas”, sentenció con toda la ampulosidad de la que son históricamente capaces los itálicos. No hay que desesperar ni empezar a rasgarse inútilmente las vestiduras: en el repaso del inventario se tragó a un sudaca argentino y lo de algún judío ya vendrá, no nos pongamos ansiosos, hay más copas UEFAs y Mundiales, como coronar todo con algún tísico proveniente de Asia u Oceanía.

Acá lo que importa, lo desequilibrante y detonante, es lo de islámico=terrorismo, ya instalado para siempre en el inconciente colectivo, como también no se debe perder de vista el hecho que el partido real terminó con un empate, algo que para el sociólogo francés del deporte Bernard Jeu es inconcebible porque esta variante de porfiada puja no lo admite. Tiene que haber un vencedor y para el vencido, la muerte. Simbólica y todo lo que se quiera, pero la muerte al fin y al cabo. Como tampoco datos de la realidad que el ahora meneado incidente, con jueguitos multimedia en la red y canciones que ya son hit en Francia, acaeció en la Berlín que hasta hace poco tenía un muro que fue derrumbado y que a muchos se les cayó encima, como resulta evidente en el caso de Calderoli y Materazzi, a todas luces sepultados bajo los escombros, en una Italia satirizada sin piedad en Gente di Roma, del comunista Ettore Scola, con la reacciones del romano medio frente a la invasión negra que están sufriendo, y bajarse del avión con el trofeo y poco menos que todos ir en cana, casi medio plantel en la picota por ir a menos siempre y cuando primo il soldi, cuatro de los clubes más tradicionales a la segunda división, otro porque es el Milan se queda pero arranca con 15 puntos menos, sanciones de dos años para dirigentes y árbitros por la organización mafiosa para dibujar el totocalcio y hacer algunos euros extras. La definición por penales le pone una apenas una pátina futbolera a la ascética y fría revoleada de moneda. Porque en el fondo es lo mismo. La superioridad deseada (Ernesto Escobar Bavio) que pone en juego el fútbol desde hace más de un siglo no quedó dirimida en el resultado oficial de las planillas, pero quedó abierto un rumbo cuando faltaban diez minutos para el tiempo reglamentario que no lo van a poder calafatear ya nunca más..

Resumiendo muy esquemáticamente el escenario: dos ex potencias coloniales disputando la final de un Mundial de fútbol con sede en el punto de partida de dos guerras en el siglo pasado y en la segunda la puesta en práctica de genocidios masivos y un ser humano, un individuo excepcional por sus dotes de la práctica de un deporte que es el paradigma mismo del capitalismo y de la larga marcha tras la gran ilusión de alcanzar el paraíso, hijo de extraditados colonizados, con toda su pesada carga cultural como simple individuo de carne y hueso, porque él mismo, al ser hijo de la segregación, sin quererlo reencarna a un muy ilustre antepasado y compatriota como Albert Camus, autor de El Extranjero y El Mito de Sísifo, para colmo jugador de fútbol de segunda, y puso culo para arriba todo en un segundo, como es justamente característica esencial del fútbol y uno de los motivos de su fascinante atracción. "Yo me voy porque usted tiene razón", contó el árbitro Horacio Elizondo que le dijo Zizou con todo respeto, "pero también habría que saber por qué pasó." ¿A dos semanas de haber cumplido 34 años, nacido y criado en La Castellane, barriada con más selecta prosapia de Marsella, con dos décadas de fútbol y casi sin pelo, podía abrigar la pendejada de querer conmover a un árbitro diciéndole señor, señor, el tano me dijo hijo de puta y que mi hermana es un yiro? La coherencia entre la actitud y los dichos de Zizou tienen la misma magia, belleza y armonía que cuando juega al fútbol y a la pelota jamás le pega, sino que la acaricia, como han hecho, hacen y harán los grandes, los elegidos.

La final Francia-Italia dejó de existir. Lo único trascendente es lo excepcional: el formidable, impecable bochazo in péctore para despatarrar a un contrario y sin aparente motivo o trivialidades para entretener a la plebe con la pregonada santa castidad de toda madre que se precie de tal.

Sin aparente motivo, se insiste, en lo inmediato anterior. Porque apenas segundos antes los había habido de sobra, para colmo con siglos de historia encima, y no eran más que resultado que lo que se venía acumulando como sedimento en las últimas décadas en una Europa remecida por todos lados.

En su casi desapercibida visita a la Argentina del doctor Christian Bromberger de abril del 2002, invitado por una UBA cada vez más desapercibida, en el ciclo de conferencia que ofreció abordando al fútbol desde diferentes ángulos, justamente llamó la atención sobre la demografía del público en las gradas del estadio de Marsella, que se correspondía exactamente con la composición social del viejo puerto, que para quien supiera ver esas tribunas eran un inmenso fresco o mural viviente de los componentes y proporciones de la ciudad, e hizo alusión sin ambages al oscurecimiento paulatino que venía sufriendo la representación nacional francesa con el surgimiento cada vez mayor de jugadores de primera línea hijos de la inmigración africana y árabe. También, por supuesto, no tuvo reparos en informar sobre las reacciones racistas y no racistas que el hecho despertaba porque el alto valor simbólico, condensador y representativo del fútbol al poner sobre la cancha, bajo el rayo del sol o las enceguecedoras torres de iluminación, irrefutables evidencias de fenómenos que estaban ocurriendo en la macrosociedad.

Zinedine Yazid Zidane nació en el puerto Marsella, el 23 de junio de 1972. Tiene dos hermanos varones y una mujer. Sus padres son argelinos, de origen magrebí, un pueblo de antiquísima influencia en la España andaluza y el sur francés, que desembarcaron ahí en 1956, en una de las últimas oleadas después de la atroz guerra de liberación librada justamente contra Francia. El padre trabajaba casi toda la jornada, sin sábado ni domingo, en un supermercado para tratar de alimentar tantas bocas. El primer deporte que practicó el pequeño Zizou fue yudo y lo deslumbró el fútbol yendo a ver al equipo local Olimpyque, donde con el número 10 descollaban las exquisiteces del uruguayo Enzo Francescoli, rebautizado por su compatriota, el relator deportivo Tatá Morales, como El Príncipe.

Con motivo de los dos siglos de la toma de la Bastilla, Atahualpa Yupanqui fue oficialmente invitado a escribir un TXT alusivo. Empieza: “Gracias, Francia, por habernos enseñado el significado de la palabra libertad.” La triología francmasona Libertad, Igualdad y Fraternidad quedó asociada para siempre a los tres poderes, los jacobinos dieron lugar al concepto de izquierda por el lugar de las bancas que ocupaban, pero los galos, entre otros logros a tener en cuenta, ostentan el práctico, eficaz y aséptico invento del doctor Louis Guillotine y haber sido la cuna de un soldado de insuperable patriotismo como Jean Chauvin. Sin contar con que en ese territorio se encuentra La Vandea, que generó una contraofensiva reaccionaria y clerical contra la flamante república que la Real Academia Española no tuvo más remedio que incorporar al término vandeano no justamente como un gentilicio y el primero que lo sacó a relucir, para motejar lo que verdaderamente se traía abajo del poncho y la polvareda Juan Facundo Quiroga, fue el general José María Paz, (a) El Manco, una idea bisectriz que retoma el socialista y masón José Ingenieros en Historia de las ideas argentinas, para explicar el camino que se quería hacer y lo convirtieron en calesita.

Las perfomances histórico-políticas modernas de Francia en Vietnam y Argelia tienen poco que ver con la trilogía libertaria fundante por la que fueron torturados, mutilados, asesinados y fusilados millones de hombres en todo el planeta. Lo sucedido en ambos campos de colonización y exterminio podrá no ser exactamente igual en cantidad, un poco menor a otras experiencias similiares sucedidas y en plena ejecución, pero para la escala de valores del humanismo significa exactamente lo mismo. No se necesitaba ser ningún estudioso social para apreciar cómo en 1973 lloraban sinceras lágrimas por el derrocamiento de Salvador Allende, pero con un solo ojo: con el otro echaban centellas cada vez que veían aparecer en el centro de París, de su París, del indiscutible ombligo cultural de la humanidad, a un pie noire (pata negra) de los que habían comenzado más que una invasión, una diáspora de las tierras en que les había tocado nacer sin haberlos dejado elegir y no los dejaba vivir con un mínimo de dignidad.

Zizou es un pie noire. Toda su familia lo es, vivió y viven como tal, se educaron como tal. No se necesita columbrar demasiado acerca de por qué lo primero que atrajo en las calles de su infancia fue el yudo para sobrevivir no sólo en la un tanto siempre dura Marsella, un laberinto de callejuelas que congrega a un caleidoscopio de pueblos del Mediterráneo, con un castillo en el medio de la bahía que Alejandro Dumas dice que fue residencia del Conde de Montecristo y donde el himno La Marsellesa, considerado por la canción de todos los hombres libres del mundo y además con una variante en la letra que la cantan como marcha oficial de todos los partidos socialistas, sino para colmo en el barrio de La Castellane, con un poquito mayor de la concentración esencial que pulula en los muelles, y donde transcurrió toda su infancia. A los 14 años ya sus inocultables dotes para el fútbol lo llevaron a hacer su mono, despedirse de los suyos y partir hacia Cannes, ahí cerca, en la Cóté Blue, alojado con casa y comida por un dirigente local para empezar a transitar el para nada fácil camino de los deportistas profesionales de alta competitividad en la Sociedad de Consumo.

“Fue allí que me dijo palabras durísimas que me hicieron reaccionar”, resumió el parco Zidane ante el reportero del Canal Plus, en alusión a lo que pasó después del camiseteo e intercambio de puteadas de práctica. La síntesis con que lo remató fue tan impecable como contundente, otro verdadero coscacho: “Me resultó más duro que un cachetazo.” Si bien para nada justificable, se vuelve un poco más comprensible que un marsellés de origen argelino magrebí, nacido y criado en el barrio casi país aparte de La Castellene, que practicó yudo antes de aprender a jugar a la mancha venenosa, puede venir a tirar por la borda una de las más brillantes carreras futbolísticas por un agravio de morondanga, ya vacío de contenido a fuerza de repetido, y de lo envilecido y prostituído que está el fútbol.

En un mundo un tanto más caótico, donde ya desde la década del ’60 el famoso Partido Comunista Francés oficialmente sacaba sus comunicados dirigidos al pueblo de la France por un lado, siempre el burro primero, y agregado por la conjunción copulativa et, le añadía también los de las colonias de ultramar, porque al final todos somos humanos y proletarios hay en todos lados, no importa el color del traje natural, léase: Vietnam y Argelia, entre otros países de la Africa negra. Ahora, este 9 de julio, a diez minutos de terminar un Mundial que fue un plomazo para los amantes no del fútbol antiguo, moderno o posmoderno, sino simplemente del fútbol, sin apellido ni edad, bostezaban a la espera de la resolución de los penales, el coupe de boule, como le dicen en su idioma original al frentazo entre los pectorales con que Zidane lo planchó de culo a Materazzi, la Guerra Santa en que se está empeñando cada vez más la humanidad hizo su ingreso como otro Jugador N° 12.

Y no podía ser de otra manera. Ahora el fenicio suizo Joseph Blatter, en la plácida Ginebra al lado del lago, rodeado del Comité Ejecutivo de la FIFA, analizarán en qué circunstancias se produjo ese horror de violentar de esa forma al fair play que reina en todo el deporte y el mundo, igualito que Microsoft que no le quiere dar datos de su código fuente del sistema operativo para que la libre competencia sea para los babiecas que hacen publicidad del limbo del neoliberalismo, se cumpla en plenitud, y ver si le quitan o no el Balón de Oro que estaba otorgado desde antes a Zinedine Zidane o mantenérselo, en cuyo caso van a tener que colgar de los pulgares a Marco Materazzi porque la agresión de Zizou existió, la vieron hasta los ciegos y es tarjeta roja sin vueltas de hoja, o todavía más insípidos, como buenos suizos siempre tan salomónicos y neutrales a favor de los agresores, como hicieron como pasaban las tropas nazis para aplastar pueblos, le quiten el trofeo a uno pero castigando al otro con varias fechas de suspensión y así se autopremian con el Bolastrín de Lata a los justicieros al pepe. Nadie parece haber tomado en cuenta o adjudicarle algún valor al hecho que el fútbol es un mundo aparte que no reconoce a la justicia ordinaria. No se sabe si con toda o sin ella, Su Señoría Joseph va a interrogar a Zinedine y a Marco, luego los va a carear, y sin ningún fuero ni conocimiento específico en la materia fallar, en el amplio y polisémico sentido del término. Técnicamente, en lo teórico, lo del franco-argelino fue un agresión con lesiones leves y tendría que haber intervenido el juez berlinés de turno. Jamás. El fútbol pretende ser un mundo aparte y así está aceptado. En muchos momentos parece que lo fuera, cuando en realidad es la más pura condensación y concentración.

Un verdadero drama, menudo brete, sobre todo para un suizo que tiene el alma como un reloj y el corazón como una caja registradora, absolutamente convencido que los miles de millones de dólares que maneja son impolutos y que los seres humanos de pantaloncitos cortos que corren tras la pelota, antes de entrar a la cancha, se despojan de su sentido de pertenencia, creencias religiosas, ideologías políticas, sentimientos y colores de piel. La sinceridad de Zizou pidiendo disculpas, sobre todo a los chicos, para que quizá no tengan que aprender yudo, como él, por la inconducta cometida a la vista y paciencia de todos y justamente sancionada, se corresponde con su impecable falta de arrepentimiento, en lo que no ha cedido un centímetro, mostrando más que claro de dónde sus convicciones: "Sería darle la razón al agresor", puntualizó para la ovación, con un lujo del pensamiento, un túnel de la ética, una rabona de la conciencia de lo que es lucha y justicia.

En resumen, gracias a Zinedine Zidane, su coupe de boule, en medio de tanto tedio, caras pintadas de carnaval, cataratas de orines y cólicos hepáticos al por mayor, descartando la marihuana y algunas otras ingestas, irguió al mundo sobre sus pies y por enésima vez demostró que el fútbol es algo más que el festival de sombreritos y túneles, pisaditas y taquitos, con que los obsequió durante noventa minutos a los pentacampeones verdeamarilho para hacernos babear todo el resentimiento a los argentinos y por lo menos dejarnos un premio consuelo porque no hay como el deporte para hermanar a los pueblos. Y si Sigmund Freud trilló hasta el borde de la saturación que él no había estado nunca en ninguna parte de la mente humana donde antes no hubiera estado un poeta y el papel constantemente precursor del arte, en marzo de este año, en Barcelona, en minoritarios circuitos de cable cultural y centros documentalistas, se exhibió El otro partido, un video documental del argentino/chileno radicado en la capital catalana hace siete años, donde se contrapuntea los avatares del Mundial 2002 con dos historias individuales límites, la de una uruguaya cuarentona con un hijo gravísimamente enfermo y la de Manel, el dueño de un bar del barrio Gótico, donde se arraciman todos los parias porque él también es un paria que de pianista profesional la tecnología del disco lo arrojó a tener que hacer cualquier cosa y eligió ésa, donde la juega siempre de transgresor, psicoterapeuta ad hoc, ONG, libertario, rebelde contra todo, y cuenta la verdad de su otro partido antes y después de la operación del corazón donde le abrieron el tórax como para una autopsia, y en medio de frases no muy académicas contra los organizadores con ojos como puñalada en tarro, vaticina que el único valor del Corea-Japón 2002 era que "ya vais a ver, hay un antes y un después, ha terminado una etapa y comenzado otra."

Posiblemente dentro de poco El otro partido sea difundido por un canal cultural de cable.

¿Chiripazo el del catalán? ¿Hondazo al aire y cae un súperbombardero atómico norteamericano dirigido desde la consola de un barco surto a cinco mil millas? Todo puede ser. Pero faltando diez minutos para que acabara tanto bodrio junto a gigantescos chops de cerveza, un cabezazo usando de pelota un pecho humano trazó una raya inborrable e irreversible. ¿O en la Enciclopedia Británica no está recogida la leyenda que el primer partido de fútbol en esos lares se jugó, hace no cuántos siglos, con la cabeza de un bandolero extranjero al que acaban de ejecutar?

Alemania 2006 fue uno hasta diez minutos antes de terminar el alargue de la final, futil, decadente, y otro a partir del coupe de boule de Zizou, lo trascendente como lo va a dejar en la historia como exepcional. [AR]