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28.10.10

"QUE SUERTE QUE TENGO PARA LAS DESGRACIAS"


El aparato oficial se encargó de empapelar la ciudad con las nuevas consignas.
El chascarrillo fue uno de los caballitos de batalla de Pepe Biondi, un payaso cubano disidente que hizo época en el Canal 13 de entonces, fundado por Goar Mestre, otro disidente cubano, y se introdujo en el decir colectivo. No ha perdido validez. El deceso del abogado santacruceño Néstor Carlos Kirchner ayer a la mañana, en su residencia de El Calafate, a consecuencia de lo que se considera fueron tres infartos seguidos de los que la inmediata atención no lo pudo recuperar, encaja exactamente como una mueca, pero encaja. Contra todos los designios, voluntades y sentimientos la muerte lo acorraló en el momento justo. Además, ya estaba condenado desde varios ángulos. Esta buena fortuna para el infortunio le permitió en una de esas entrar a la gloria sin parar en el peaje del cadalso. En términos políticos, culturales, sociales, cuando mucho tenia para un año más de vida. Encima estaba el correlato de su deterioro físico y cómo se timbeó el resto con oídos sordos a los consejos sanos y sabios.
Tenía 60 años, hacía 23 que ejercía alguna forma de poder público, desoyó todos los sanos consejos médicos de una salud resquebrajada como consecuencia de vivir en constante campaña política para conservar ese poder a toda costa, después de haber acumulado una considerable porción, al parecer como única opción vital, a pesar de la retahíla de reveses que venía sufriendo y del que todo indicaba que iba a volver a sufrir el año que viene, cuando insistiera en presentarse a la cabeza de la fórmula presidencial del Frente para la Victoria, cuando el no tan súbito final lo instaló en la gloria de esos que se consideran momentos justos para morirse.
Nadie elige el momento para morir. Salvo los suicidas. Si fuera por elección, la inmensa mayoría lo dejaría para más adelante. Pero hay quienes salen congraciados con lo fortuito porque sostienen de distinta manera la causalidad y se instalan de manera que parece casi mágica en una muerte que revierte lo consternante. Incluso no faltan los fanáticos del verdadero culto futbolero que remiten el origen de los males al día del 2006 que tuvo la malhada idea de dejar entrar a la realidad a la Casa Rosada, por primera vez en la historia argentina, y sacarle tarjeta roja a la prensa. Con la capilla ardiente todavía a full en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, a alguien se le dio por poner sobre el tapete que en su angurria de poder el fútbol era su objetivo máximo y que cuando le tiraron la idea de Fútbol para Todos, un mamarracho que le cuesta al país 700 millones de pesos anuales para sanarles los insanables déficits a una costra parasitaria e infantilmente competitiva, haciéndole pagar al 80% del país la engañosa pasión popular que padece con el envase del goce el otro 20%, y que a poco de andar ha demostrado sólo la virtud de minarlo, volverlo aburrido y que empiecen a subir de tono no sólo las críticas a un desmán más sobre los dineros públicos sino sobre el objetivo del hecho en sí.
De todas maneras, sea como haya sido, el remezón de semejante deceso en semejantes circunstancias sacudió fuerte al país. Para colmo fue a primera hora de la mañana, el día decretado feriado para el Censo Nacional 2010, y en un momento en que el fuego granado le daba sin piedad. El día anterior, en una de las tantas columnas del matutino La Nación, francamente fue un ajusticiamiento virtual. El último número del semanario Noticias, el 23 de octubre, le dedicaba un informe especial justamente al deterioro cardíaco y los peligros que eso implicaba. Bordeaba las sombras de un certificado de defunción: De la angioplastia al combate fue de movida, nomás, el título de apertura de las tres páginas con una infografía. Los pronósticos inflacionarios para este año se instalan en un 25%, cuando no directamente en el 30%, y ninguno mejor que él sabían que inflación y crecimiento tienen incompatibilidad de caracteres. La Encuestología, esa disciplina esotérica encumbrada a ciencia exacta por el neoliberalismo, coincide en que la intención de voto no le daba para ganar ni en la primera vuelta, asegurándole sólo un piso seguro del 25%, y que en el ballatoge los odios que se supo ganar lo iban a arrasar.
Se había ganado la inclemencia. En otro lugar dejamos la constancia de hasta dónde llegaba. Ver. Cierta molicie o alguna otra cosa hizo que este espacio, que iba a ser llenado con un tema afín, como el peak de violentismo de todo tipo, al final quedara para una necrológica. La concatenación de los hechos tendieron a mostrar de movida una inquietante senda recta. Más allá del terrorismo informativo, del pánico fachistoide de los sectores medios por la dichosa inseguridad, en los últimos días arreciaron una serie de hechos donde lo llamativo apuntaba a un exceso de violencia sin sentido e innecesaria, gratuita, la dichosa mindless violence, como bautizaron los ingleses a la futbolera de movida. Una saña innecesaria por parte de los victimarios, la insistencia en liquidar cuestiones pasionales con un plus sangriento que ni lo peor de la crónica roja en sus mejores tiempos, más la reiteración en tener a criaturas como el objeto deseado. Pero el miércoles 20, poco más de mediodía, el detonante iba a estallar: una organizada patota de la Unión Ferroviaria que comanda Luis Pedraza desde hace 25 años emboscó, con zona liberada por la Federal, a activistas del Partido Obrero y a consecuencia de los balazos cayó muerto Mariano Esteban Ferreyra, 23 años, estudiante, y también Elsa Rodríguez, de 56, más otro jovencito con una herida en una pierna. El muchacho no llegó vivo al hospital. La mujer sigue en estado reservado en el Argerich. Al día siguiente las hilachas de la  izquierda argentina y los organismos de derechos humanos reventaban la Plaza de Mayo con una movilización de protesta por cierto tan inusual como sorpresiva. La actitud del gobierno fue lamentable, empezando por la propia presidenta. Si se hubieran esmerado no lo hubieran hecho con tanta eficacia. La indiferencia y el desdén ya lo habían puesto de manifiesto más de una vez, salvo cuando el dichoso ingeniero pour la galerie Juan Carlos Blumberg se convirtió de pronto en un referente multitudinario merced al secuestro y asesinato de un hijo de la misma edad que el asesinado activista troztkista. El jefe de gabinete Aníbal Fernández atinó a embarrarla más asegurando que la policía había hecho lo que tenía que hacer. El cada vez más poderoso Hugo Moyano trató de despegarse e interceder ante el Ministerio de Trabajo para que los tercerizados, encima despedidos, fueran retomados. Piaste tarde, paloma. De esa ilegalidad que apaña a 3 mil trabajadores más, sin contar el 50% de mano de obra en negro, mucho más inconcebible en un gobierno que se hace buches con la justicia social, su nacionalismo y sensibilidad popular, ni jota. Un extrañamente demudado Néstor Kirchner, alérgico a la prensa, sobre todo a la tevé, se prestó intempestivamente a la requisitoria pero se le veía que varias esquirlas le habían dado en un lugar más que sensible. En su reculada las alianzas con la oligarquía sindical y los barones del GBA se pagaron caro y en especies. La presencia y entrada en acción de barrabravas quedó demostrado cuando gracias a los peronistas mudados tempranamente al liberalismo desde fines de los '50 las instalaron como parte del paisaje social cotidiano y para ineludible de la falsa conciencia nacional. Encima el cholulo acusado de ser el que disparó había hecho facha en Facebook y subido las fotos con ministros y otros jetones del gobierno. La línea lleva de ese Harry Favale, un bravo de Defensa y Justicia, club con un dossier tan inteersante como muy poco divulgado, hasta un tal Daniel Fariña, también barra, pero también empleado de la municipalidad de Florencio Varela, el que lo había llevado a jetonear a la peña con la primera línea kirchnerista y a su vez había viajado a Sudáfrica con la ONG de Marcelo Mallo, un cuadro de Compromiso K, que alimenta a Alicia Kirchner y responde a Rudy Ulloa, justo uno de los últimos en hablar por teléfono con El Pingüino antes del triple infarto. Ver parte del entramado. Con este charteo y amago de institucionalización grasa jamás las barrabravas habían tallado tan alto. Hoy algunas versiones circulantes le dan la autoría de la idea original al que resultaría imprevistamente fallecido y glorificado, que le sacó punta a la idea junto a otro del mismo palo en fundir lo popular con lo lumpen y marginal, el quilmeño Anibal Fernández, flamante vicepresidente del club más viejo que sobrevive en la AFA, cargo que alterna con la jefatura de gabinete, Twitter y batidore líbero para barrer con cuanto algo parecido a lo no deseable se acerque a la primer mandataria. Encima es fin de semana se llevaba a cabo un beta test de la peregrina idea de Mallo, expuesta a la vuelta de Sudáfrica 2010, donde entonces todavía quedaba en una nevera particular el cadáver de un barra bostero, caído en combate justamente con los de Independiente después del 4 a 0 con que los alemanes deciedieron irrespetuosamente mandar de vuelta a la selección argentina. La CD de los Diablos Rojos de Avellaneda ponían como control de puertas y molinetes a sus muchachos para reinsertarlos en una función social, sacarlos de la marginalidad, irlos preparando como líderes sociales del Modelo que nadie conoce pero que nos va a alumbrar. En este club han hecho los Moyano, uno de los príncipes herederos tiene funciones en el departamento de fútbol y a esta barra pertenecía el ahora ya legendario Emilio Quiroz, (a) Madonna, chofer y guardaespaldas de Pablo Moyano, que saltó a la celebridad por sacar una Bersa 9mm y vaciar el cargador contra el paredón de la entrada de la quinta de San Vicente, el día del traslado de los restos mutilados de El Líder.
Dos días después del hecho la pareja presidencial se mostraba en el que a la postre sería el último acto público, porque todo desde hace tiempo se había convertido en una descarada campaña proselitista con vistas al 2011 y las cuentas a cargo del erario público, en el aniversario de Chivilcoy, la ciudad del ministro del Interior, nada menos, que se mostró muy ufano como siempre con su reloj pulsera de 20 mil euros.
Néstor Kirchner, con su pasado de adicciones varias, como el cigarrillo, el whisky y una timba para matizar las ventosas veladas patagónicas, fundamentalmente fue un insaciable del Poder y del Dinero. En los cuatro años de su presidencia las transformaciones que hizo y los saltos que logró son tan innegables como el autodesinfle posterior que algunos hacen coincidir con el ascenso de su esposa al sillón de Rivadavia y otros estiran al estúpido e innecesario conflicto con el campo, que desangró al país en una porfía estéril de cuatro meses y varios millones de dólares. En un pararelo con el fenómeno populista conservador del peronismo se debe acotar que al igual que El Líder, amén de un país postrado donde hasta un choripán era un aporte revolucionario, la situación internacional le pintó mucho mejor, pero la plata dulce y el viento de cola le sacaron los vicios afuera y salió a relucir el desgraciado y reiterado potlash del peronismo, algo así como las recaídas cortazarianas donde los buñuelos de la tía eran más que una segura recaída. Para arriesgar una hipótesis, le creció de manera insostenible la tentación a mano de un proyecto personal subalterno, como la suma del poder del legendario y sucedáneo posmoderno y fashion del desopilante Rey de la Patagonia, otro Orélie Antonie reencarnado, marchando desde la ciudad continental más austral a la frígida y desdeñosa Buenos Aires, para algunos Capital de la República de la Pampa Húmeda, todo enmascarado y bien envasado en el crecimiento anual al 7 u 8% del país.
El tremendo, más que nada sorpresivo impacto producido por su muerte súbita, la reacción popular, como consecuencia no deseada, sin embargo consiguió borrar de la realidad mediatizada el asesinato de Ferreyra y todas las implicancias, sobre todo las que salpican con generosidad al gobierno. Sin embargo, con la facilidad que siempre otorga lo sucedido para repasarlo, la conducta que resulta final en Kirchner lo signa más para su pasado timbero y el ponerle todo a una ficha. Tuvo un comportamiento autodestructivo sólo comprensible si muy dentro suyo la Vida era Poder o no era vida. La famosa profundización del Modelo debería empezar por explicar cuál es el famoso modelo, más tratándose de un peronista. Ante una diáspora creciente, sobre todo en las últimas semanas con factores de poder como los Señores de la Industria, se manejaba como en un mercado árabe, en una feria donde las cajas chicas si no compraban por lo menos no dejaban irse o acercaban frágiles aliados. El patatús final lo pilla en El Calafate, el dichoso enclave de los lotes fiscales comprados por chirolas gracias a la generosidad pueblerina de un intentende en unos desiertos donde las normas se dictan en el momento y a medida y poco después vendidos por fangotes de dólares, quizá en lo que debe en lo que debe ser por lo menos el más ruidoso de sus escándalos. Hasta allí se había llegado en uno de los clásicos retiros tácticos cuando había tormenta en Buenos Aires, en este caso el asesinato del chico Ferreyra que lo tuvo a mal traer hasta el último momento. Queriendo cerrar el círculo de los mensajes genéticos al inconciente, para algunos su hijo Máximo, para otro el benemérito Lázaro Báez, gran candidato a hacerle compañia en el pabellón si se cumplían los vaticinios agoreros de una chirona casi segura, pero veinte días antes compraron una parcela en el Cementerio Municipal de Río Gallegos, dado que no se había tomado ninguna previsión en ese sentido y encima vendido hasta la casa cuando el desastre electoral del 2009. Diez días antes, visto desde ahora en la senda de un paquidermo más que de un pingüino que a los culazos se mete al océano, había anunciado que se volvía al pago y apenas dos días antes, previo al que sería el último viaje a El Calafate, anduvo viendo residencias para adquirir y tener allí otra vez la morada.
No pudo ser. El estallido popular que provocó su muerte sorprendió a tirios y troyanos. Los climas públicos, acicateados sobre todos por los medios masivos de comunicación, con la tevé a la cabeza, rotaron de frente y hasta los más furibundos antikirchneristas, con el pretexto del respeto a la muerte, se fueron a baraja. En la Argentina el panquequismo tiene en lo peronistas sus máximos cultores, pero los demás no lo hacen mal. La verdadera transmutación de La Nación, por ejemplo, desde el primer día de duelo era para ver o no creer. Las varias coberturas gráficas diarias resultan un documento de primera agua. Y ni qué decir cuando no trepidó en calificar al adiós de multitudinario. El reviente y el oficialismo a ultranza son dos formas de las Bellas Artes. La oleada masiva, sobre todo la espontánea, no la militante de las Masas Delibery, alfombró las calles y plazas del centro porteño. Más que nada llamó la atención el rango etario: la cantidad de jóvenes fue abrumadora. Lo inesperado del desenlace, que a la vista pausada de sus últimos actos tiene tanto de inesperado que lo único que le faltó fue llamar a licitación, la irracional capacidad de despertar las iras públicas contra su persona, la verdadera demonización que se había hecho con él, contrastó con la evidente presencia masiva y el reconocimiento internacional que fue mucho más allá del pretendido chavismo que le achacaba la derecha aborigen: el chileno Piñera y el colombiano Santos se disputaron en ver quién lo elogiaba más. ¿Hemos tenido el privilegio de asistir en vivo y en directo al nacimiento de un mito?
Empezando por el poco carismático Hugo Moyano, que sin trepidar lo calificó de la tercera pata de la mesa de las glorias peronistas, nada menos que junto al General y a Evita, los evidentes logros de su gobierno permiten cierta equiparación con el líder. La postración del país y la irrepetible situación internacional, como ya se apuntó antes, le dieron una mano que no se puede negar y que no le resta méritos por la manera como piloteó. El inneagable reconocimiento internacional, sobre todo el sudamericano sin retaceos, deja para los egiptólogos desentrañar semejante papel emblemático en quien fue el adalidad de la entrega petrolera, un embrollo con el pago de la deuda externa al FMI que dentro de mucho tiempo se desentrañará y los jovencitos que se desgañitaron bajo la lluvia por el supuesto líder revolucionario, como otras generacines argentinas, seguramente peinarán canas cuando se destape la olla, truenen las voces peronistas del escarmiento y quieren ir a orinarle la tumba en masa. Tampoco se le puede negar que sin tener dones divinos dividió las aguas, empezando por el propio peronismo, y que en materia de principios y de línea política al famoso lema leninista de dos pasos adelante, uno atrás, él lo convirtió en uno y medio para adelante y cuatro o cinco para atrás. En las exequias de la Casa Rosada ver a su hijo Máximo, mentor de La Cámpora y administrador de los suculentos bienes familiares, multiplicados tan maravillosa como inexplicablemente en los últimos años, cantar el himno nacional con el puño izquierdo en alto, como si fuera camarada del asesinado Mariano Ferreyra, el reciclado de varias consignas setentistas y montoneras lleva a pensar que como ya dijo alguien, la experiencia humana no es transmisible, o viven en el más terrible de los engaños que tiene como columna vertebral ese fenómeno pasional que es el peronismo, ideológicamente invertebrado como una ameba. El rescate de los marginados, la incorporacion de los jubilados y varias otras medidas más fue de consuno con una de las etapas de mayor concentración de la riqueza, amén de constituirse con una banda de amigotes en el clon de un holding donde por supuesto sobresalían los casinos de La Quiaca a Usuahia que no pagan impuestos, lo mismo que la timba financiera. El nacionalismo a ultranza se da de hocico con las concesiones a la Barrick Gold y otras mineras a cielo abierto, dejando de lado, para no cargar las tintas, la contaminación sine die de las reservas de agua potable de las napas con el letal cianuro. El veto de su esposa del 82% móvil de las jubilaciones mínimas, bajo el pretexto exrtremista y extorsivo de la quiebra del Estado, omite políticamente que está vigente para todo tipo de uniformados, incluso hasta los bomberos voluntarios, pero empezando por militares, jueces y policías, amén que las ya mencionadas excenciones impositivas a las timbas de todo tipo se agrega el subsidio a los grupos de poder, una suma que en total supera con creces los costos para que los últimos años al sol de los más viejos y pobres no sean con la mano tendida para la mendicidad, los hospitales en la ruina, las escuelas lloviéndose y las universidades como barcos filipinos. Los consejeros de la virtualidad que los rodean con más que suculentos honorarios, entre otras cosas para tirarle el fardo del asesinato del chico del Partido Obrero al Pitufo Duhalde, los llevó a pretendidamente lanzar un canal exclusivo en YouTube, cuyo en enlace directo está cerrando esta entrada, para tratar de distraer mediáticamente con supuestas novedades de lo cada vez más espinoso que se ponía el caso, dadas las comprobadas y buenas amistades con la Unión Ferroviaria del viejo cacique, el ex marxista José Pedraza, porque hacía cuatro meses que el chiche de la Hi Tech estaba en funciones y las balas de las implicaciones pegaban cada vez más cerca. Ya olvidado el incidente, incorporado al folklore del cornudismo nacional y popular, está el cuento chino de los 20 mil millones de dólares que circuló a poco de haber subido al gobierno y que el rodaje hizo crecer la versión que eran pagaderos en dos siglos y medio al 2% anual, un paquete que a los moderados Ojos de Un Piso de Pequín los dejó lelos y no supieron cómo redactar el comunicado desmentido o si era mejor un curso acelerado para putear en castellano. Nadie entendió. O nadie quiso escuchar nada. Se desmentía sobre el delirio y se deliraba sobre la mentira. La realidad era tan chiquitita y a mano que ningún argentino, menos que menos peronista, podía aceptarla.
Para el Lupo o Lupín, como le decían en el barrio cuando era pibe, fue demasiado. En un sentido simbólico, netamente político, no es aventurado pensar que el pibe Ferreyra, desde su muerte verdaderamente indeseada, fue el verdadero verdugo del Lupo. Por lo pronto el último día de vida tuvo la famosa llamada por teléfono del jeque Hugo Moyano recriminándole que le había alfombrado el camino hacia la presidencia del PJ bonaerense y le había sobeado la primera reunión de la cúpula. Seguían desfilando desconsolados ciudadanos de todas las edades en la capilla ardiente de la Casa Rosada, roto el protocolo por cuarta vez porque los tres primeros allí velados fueron Bartolomé Mitre, Manuel Quintana y Carlos Pellegrini, no precisamente exponentes del neorevisionismo que ahora quiere instaurar Cristina Fernández, cuando en Río Gallegos los camioneros de Moyano volvieron a cagar a tiros a militantes del Partido Obrero. Peronista de raza, por lo tanto lo contrario de sí mismo, ya había tenido panqueadas varias con los militares, con la famosa década del '90 a la que le cargó toda la romana después de haberla integrado con el mismo fervor con que posteriormente dio la media vuelta, pero para quien por más sanateada que haya sido su inveterada militancia universitaria en La Plata, el asesinato vil de un chico de 23 años en manos de los sicarios que a él y a su mujer, la actual presidenta, también le deben haber apuntado y hasta gatillado a las patas más de una vez, fue como demasiado. Y echó el resto. Encima estuvo la bendita llamada del camionero, caliente como mono con tricota por la jabonada de piso. También la certidumbre interna a la que no se le puede hacer la pera que el Poder se le desvanecía y la alternativa de quedar en chirona, aunque fuera como la ridícula parodia de Carlos Saúl en la casa quinta del Gordo Bolú, era un estimgma que al Lupín lo iba a remontar a revivir los años amargos de su infancia, hazmereír de todos los demás por un aspecto que ni la más temerarias epopeyas de la actual cirugía plástica puede intentar borrar. En estos casos, ese acicate de la conciencia puede ser tan lacerante, sobre todo cuando se ha probado el vino dulce de lo fácil que es el engaño, la simulación y la capacidad innata para satisfacer una adicción que, dicen, es mucho peor que la de las drogas duras. Dentro de ese cuadro, La Parca hasta es una redención. Pero encima de ser un balance precario, cualesquiera sea el Juicio Final que le depare la historia, primero que nada El Pingüino fue víctima de su propio engaño, cuando a poco de subir, salvo La Nación que le dio la extramaunción a la semana de la mano de Claudio Escribano, el resto del periodismo, el mismo gracias al cual íbamos ganando la guerra de Malvinas cuando de pronto cambió el viento, ha hecho un innegable e invalorable aporte: una nueva antinomia a la de peronistas/gorilas, fachos/zurdos, liberales/rosistas, etc. ¿Montonero fashion o liberal de la primera hora? Porque su conversión a lo ya conocido del peronismo, iconografía mediante, data del último tiempo, cuando se le empezó a llover el rancho. Indudablemente un mojón más que lo que el reciente Premio Nobel de Literatura califica de país indescifrable y que no se puede explicar cómo se hizo añicos semejante riqueza y porvenir en apenas medio siglo o un poco más.
Descansa en paz, Néstor Carlos Kirchner. Pero han quedado algunas facturas impagas que de una vez por todas en este país les correspondería pagar a los que rompieron los platos y siempre terminan  cantándose la tosca. AR

Por más material consultar el canal oficial que el gobierno acaba de habilitar y trasmite en directo: